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Qué hacer en Azaila

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lugares turísticos de Azaila

Pueblos en Azaila
Azaila
Atravesada por la carretera de Castellón, Azaila sirve de puerta de entrada a la comarca para todos los visitantes llegados desde Zaragoza. La localidad se sitúa en la la margen derecha del río Aguasvivas, sobre un profundo barranco. Azaila cuenta con 178 habitantes. La agricultura y los servicios son su principal actividad. Se trata de un terreno cerealista y olivarero, mayoritariamente de secano. Población de origen medieval, Azaila es conocida por su monumental yacimiento ibero. Su urbanismo, de reducida escala y carácter rural, construye espacios con edificaciones homogéneas, algunas de considerable tamaño, con patio en la zona sur, dos alturas más falsa y fachada encalada. La plaza principal del pueblo se adorna con jardines y palmeras en torno a una fuente, como si se tratara de un oasis en medio del desierto. La iglesia parroquial de Nuestra Señora del Rosario, obra barroca del siglo XVII realizada en mampostería y ladrillo, conserva un escudo de piedra en la fachada principal que parece atestiguar el patrocinio de los duques de Híjar. El interior se cubre con cuatro tramos de bóveda de cañón con lunetos y la capilla mayor, con bóveda de cuarto de esfera. Destaca algún elemento de mobiliario moderno realizado en alabastro, piedra yesífera de grandes cualidades artísticas y constructivas, abundante en la comarca. Muy cerca de la localidad, bajo la vigilancia del poblado ibero, aunque en el término muncipal de la vecina Almochuel, se puede acceder a la partida de Las Planas de la Hoya, que esconde un verdadero oasis, el embalse de Almochuel, que además de para el riego quiere aprovecharse para uso lúdico. A poca distancia del pueblo, aguas arriba, en ruta hacia Almochuel y Vinaceite, se encuentran las ruinas del Cabezo de Alcalá, en el que se encontraron restos iberos, celtas y romanos y que constituye uno de los más importantes, si no el más importante yacimiento ibero de la comunidad, considerado Bien de Interés Cultural. El Centro de interpretación del yacimiento está incluido en la Red de Museos de Aragón, y suponen un acercamiento esencial para la comprensión del yacimiento. Ubicado en un pequeño pero estratégico cerro que domina las estepas de la cuenca del Aguasvivas, constituye un referente de primer orden en la arqueología íbera española. El conjunto parte del Bronce Final (siglo IX a. C.) y, pasando por la época íbera, llega hasta la romanización (siglo I a. C), momento en el que se destruye la ciudad. Gracias a las excavaciones realizadas desde el siglo XIX (primero por Pablo Gil, a comienzos del siglo XX por Juan Cabré, y posteriormente por Antonio y Miguel Beltrán), se constatan las distintas fases de ocupación. Los inicios del asentamiento quedan ocultos bajo la ciudad sedetana de comienzos del siglo I a. J.C, cuyo recorrido ayuda a conocer la historia de la romanización en Hispania. Entre los importantes restos cerámicos hallados en el yacimiento, cabe destacar las vasijas ibéricas decoradas con pintura roja, cuyos variados motivos las sitúan entre las más bellas del mundo ibérico. Este imponente legado del pasado está acondicionado para su visita turística y se sitúa 1 km de la población de Azaila. Se recomienda visitar previamente el centro de interpretación situado en et pueblo. La ciudad se organiza en torno a una calle central larga que la recorre de norte a sur. A ambos lados se distribuyen los diferentes tipos de edificaciones, tanto públicas como de carácter privado. A su vez, la calle central es atravesada por una variedad de calles laterales que unen y articulan la ciudad. Un sistema de murallas, a modo de anillos a distintas alturas, rodea la acrópolis, en la que se distingue una parte alta y una baja (siendo poco claros los límites territoriales de ésta), atribuyendo a la parte baja construcciones públicas como las termas, el aljibe y el barrio comercial, así como algunas casas. La ladera este, más vulnerable a los ataques, se protegió por medio de un foso. El acceso a la ciudad se realiza cruzando ese foso, junto a los vestigios de la muralla, a través de un puente que sustituye al posible antiguo puente levadizo. La ciudad conserva pavimentos y muros.Al situarse en la calle principal, llama la atención la pavimentación, compuesta por losas de piedra en las que aún se aprecian los surcos de las huellas de carros que en su día transitaron por allí. Al subir por la rampa, se encuentra una construcción de tipo público, el templo. Es un pequeño templo de los denominados in antis, que sigue los modelos romanos y se ha datado en el segundo cuarto del siglo I a. C. En aquellas fechas todos los ámbitos de la vida diaria compartían usos y costumbres con la tradición romana, aunque todavía con singularidades locales. En este templo, además de las pinturas murales que se hallaron, se distingue la intención de imitar en sus muros sillares de piedra almohadillados. Hay también un pedestal sobre el que se colocaban estatuas de bronce a las que se daba culto (una figura femenina, una masculina y un caballo). Al lado del templo y a lo largo de la calle principa!, se asienta un conjunto de casas, diferenciando dos tipos de construcciones: las sencillas, que posiblemente estaban constituidas por dos pisos, careciendo de patio y con una planta rectangular; y las casas más grandes, cuyas estancias, que solían ser abiertas, rodeaban a un patio central, según el modelo itálico (en algunas se hallaron restos de pinturas murales decorativas). Avanzando hacia el norte, en una de las calles que cortan la principal, hay una estancia con un molino de cereal. Más adelante se llega a la plaza donde se alzan los restos de dos torres defensivas, desde donde se dominaban más de 30 km a la redonda, visibilizando poblaciones como La Romana, en el término de La Puebla de Híjar, y La Bovina, junto a la población de Vinaceite.Túmulo En el extremo norte, unas escaleras conducen hasta la zona baja de la acrópolis, donde se localizan los espacios comerciales y las termas, en torno a los que giraba la vida social. Las termas presentan el esquema habitual de vestuario y habitaciones frías, templadas y calientes (frigtdarium, tepidaríum y caldarium), más palestra exterior; las estancias se calentaban mediante el sistema de hypocaustum (aire caliente que circulaba bajo el suelo y se elevaba a través de paredes huecas). El recorrido termina en la zona sur de la ciudad, donde se ven un túmulo ibérico y restos de la rampa de ataque levantada para el asalto que supuso el fin de la ciudad, durante las guerras sertorianas (75-72 a. C). Más al sur está la necrópolis de la Primera Edad del Hierro, con túmulos de cista aparente y enterramientos en vasija.