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Abadías en Zaragoza

7 abadías en Zaragoza

Abadías en Zaragoza
El Ojo del Canal
(1)
A lo largo de su recorrido el Canal Imperial de Aragón (entra en http://bit.ly/Kmz8jp si quieres conocer su historia) se cruza con dos ríos, por medio de sendos acueductos. Sobre el Jalón se construyeron las espectaculares murallas de Grisén (http://bit.ly/Kmz8jp), y sobre el Huerva, mucho más encajonado, el Ojo del Canal. Hay un mirador, pero para verlo bien tendrás que bajar por una rampa hasta la orilla del río Huerva. Es espectacular. Si quieres hacer un paseo desde las esclusas de Casablanca hasta el Ojo del Canal en el que te encontrarás en muy poco trozo unas cuantas obras de ingeniería del siglo XVIII, muy impresionantes, entra en http://bit.ly/Kmz8jp
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La fuente de los incrédulos
(4)
En la Vía Ibérica frente a paseo infantes de España, se construyó al terminar las obras del canal imperial de Aragón por Ramón de Pignatelli, se llama así en honor de todos los incrédulos que no creyeron que el canal se terminase y fuese navegable.
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Monumento a Pignatelli
Y, sin duda, éste es el rincón q más comparto porque paso en él unas 22 h. diarias. Lo comparto con mis niños: Perkins, Bogart y Cooper. Cuando estoy muy triste y me ven llorar enseguida vienen a darme mimos y besitos.
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Museo Diocesano de Zaragoza
(2)
La entrada es muy barata, 3€. No es muy grande pero los objetos son preciosos.
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Casas de los Sitios
(3)
Los dos Sitios que sufrió Zaragoza a manos del ejército napoleónico entre junio de 1808 y febrero de 1809 son con toda seguridad la mayor catástrofe de la historia de la ciudad, pero al mismo tiempo son también el motivo de que sea conocida en medio mundo, pues el nombre de Zaragoza se convirtió a raíz de la desesperada resistencia de sus habitantes contra los franceses en algo mítico. En la segunda guerra mundial, por ejemplo, se decía que el único asedio que se podía comparar con el de Stalingrado era el de Zaragoza, y que antes de las bombas atómicas de Hiroshima solo había una catástrofe que hubiera afectado de una manera comparable a la población civil, y también se refería a los Sitios. Durante el primer Sitio los franceses atacaron por la zona sur de la ciudad, entre las puertas de Sancho, el Portillo y del Carmen. Sin embargo, durante el Segundo Sitio los ataques se centraron en la zona del Huerva. Los zaragozanos habían talado los olivares y habían convertido algunos edificios que estaban fuera de las murallas en auténticos fuertes (el reducto del Pilar, el convento de San José, el molino de Goicoechea, cuyos restos pueden verse en el Parque Bruil...). Sin embargo, todos ellos fueron cayendo en manos de los franceses, que cuando habían conseguido conquistar todas aquellas posiciones avanzadas fueron avanzando construyendo trincheras en zig-zag hasta la misma base de las murallas (las que hoy podemos ver en la calle Asalto). Una vez allí consiguieron reventar el ábisde del convento de Santa Mónica y entrar por allí al de San Agustín, que estaba pegado. Cuando después de una terrible resistencia por parte de los zaragozanos que lo defendían consiguieron salir a la calle, se encontraron con que allí las normas de la guerra clásica no valían para nada. No solo la ciudad no se rindió, sino que a partir de aquel momento tuvieron que luchar prácticamente habitación por habitación. La mayor parte de las casas de esta zona quedó arruinada en aquellos meses, y por eso aún es más impresionante que esta casa sobreviva como testigo mudo del terror de la guerra. La esquina completamente comida por la metralla, desde el suelo hasta el alero, es el mejor símbolo de lo que aquello fue. Los franceses decían que por aquellas calles soplaba un viento de plomo, y viendo esto está claro que no exageraban.
Abadías en Zaragoza
Monumento a los Sitios
O por lo menos, eso es lo que opinan muchos. Se levantó en 1908, cuando en la ciudad se celebró la Exposición Hispano-francesa que conmemoraba el primer centenario de los dos terribles Sitios que sufrió Zaragoza durante la Guerra de la Independencia, entre junio de 1808 y febrero de 1809. Los franceses llegaron a las puertas de la ciudad el 15 de junio esperando no encontrar resistencia, y se encontraron con que en agosto tuvieron que levantar el primer Sitio (después de episodios tan conocidos como el cañonazo de Agustina de Aragón) para volver meses después. Finalmente la ciudad capituló en febrero, después de más de 50.000 muertos que la convirtieron en un mito de la lucha contra Napoleón. A Zaragoza le costó décadas recuperarse de aquello, pero a finales del siglo XIX la ciudad vivía un momento estupendo. Fue entonces cuando se empezó a plantear la posibilidad de celebrar el centenario, y se consiguió algo que ninguna otra ciudad española logró: que el Estado financiara lo que se iba a hacer con dos millones y medio de pesetas de entonces procedentes de la lotería. La cuestión es que a la hora de plantear la celebración había dos opiniones muy distintas. Por un lado, un sector más conservador prefería exaltar el heroísmo, las virtudes de la patria... mientras que otros pensaban que era el momento de estrechar lazos con Francia, algo que con toda seguridad tendría consecuencias positivas desde el punto de vista económico. Basilio Paraíso encabezaba este segundo sector, que fue el que consiguió sacar adelante la Exposición Hispano-francesa. Aunque el monumento no estuvo a tiempo para la inauguración, Agustín Querol pudo acabarlo antes de la clausura, y más de 100 años después sigue siendo imponente. La calidad de la escultura, el contraste entre los diferentes materiales, el magnífico marco de la plaza de los Sitios... todo ello contribuye a hacer de él un extraordinario ejemplo de la mejor escultura pública española de principios del XX. Si nos fijamos veremos al general Palafox montado a caballo, al anónimo pueblo zaragozana arrastrando cañones, protagonizando episodios como el de la sublime puerta (la de la iglesia de Altabás, que los franceses tumbaron varias veces y cada vez se levantaba del suelo, empujada por docenas de personas que se negaban a rendirse)... También podremos ver el león zaragozano luchando con el águila napoleónica, y por encima de todo la imagen de la Virgen del Pilar, que en los Sitios se convirtió en la referencia fundamental de la ciudad. En resumen, un estupendo monumento en una plaza de lo más agradable, ideal para darse un paseo mientras nos entretenemos contemplando los mil y un detalles.
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Las murallas de Grisén
(1)
Está bastante bien para almorzar y poco más.
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