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Carreteras en Senegal

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2 carreteras en Senegal

Carreteras en Mbour
Carreteras de Senegal
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No está mal conocer un poco de las carreteras de Senegal en el caso de que uno se atreva a alquilar un coche y a adentrarse por sus caminos. Es fácil alquilar un coche por un precio bastante barato, otra cosa es que no te de problemas, que los dan. El otro problema que tenemos son las carreteras. Por lo general, sólo son buenas en las cercanías de las ciudades grandes, el resto, es una aventura. Por las partes más urbanizadas están algo mejor asfaltadas, con pocos baches y toda la carretera parcheada. Hay un carril para cada sentido y en algunos tramos uno más. El arcén ni existe y lo que haya al lado de la carretera, ahí está, moleste o no. Problema 1: Si hay accidente y se cruza el coche en un carril sin poder moverse, la carretera se para, literalmente. Y la gente baja de sus coches y se pone a vender todo aquello que iba a vender en la ciudad, bebidas, ropa, comida.... Es increíble y parece una locura, pero lo hacen y la gente compra. Y no veáis lo que se agradece un refresco y un bollo en medio de un atasco con el calor de Senegal. Pero la cosa cambia una vez nos hemos alejado de las ciudades. Aquí las carreteras están porque tienen que estar y te das cuenta de ello porque un día tuvo que haber. No son carreteras con baches, son baches con algo de carretera que has de ir esquivando si no quieres que la tartana que has alquilado se parta. Por el camino entre ciudad y ciudad no hay nada, sólo, eso sí, un paisaje salvaje increíble. Así que es recomendable llevar una garrafa de gasolina y una rueda (dos si es posible) de repuesto. Apenas encontraréis gasolineras, aunque sí, en medio de la nada, algún que otro pueblito puesto ahí como por arte de magia, sin nada alrededor, sin electricidad apenas y con lo justo. Y allí vive la gente. Viven de los que paran a comprar algo de camino por la carretera y de lo que les das cuando te ven y no hacen más que pedirte. Son pueblecitos en los que por la noche sólo se ve la luz de las velas y ya. Y aquí el problema 2: la noche. Yo no recomendaría, a menos que sea muy necesario, conducir de noche. Las carreteras no están iluminadas, los reflectantes ni existen y no se ve absolutamente nada. Es bastante peligroso. De día ya de por sí son peligrosas, aunque con cuidado se puede ir bastante bien, siendo a veces hasta más peligroso el coche que la propia carretera. Pero esta última tiene tramos de auténtico pavor en los que el coche, literalmente, bota o se queda parado porque la rueda se te ha enganchado en un bache, que pasa. Así que todo el que tenga valor, que lo haga pero con cuidado. Eso sí, es muy recomendable, pues llegas a sitios donde un autobús no para y puedes descansar cuando quieras. Eso sí, tened en cuenta las horas de anochecer y donde queréis dormir para que no os pille la noche en la carretera.
Carreteras en Saint-Louis
La Pista de Diama
La Pista de Diama se ha convertido con los años en un lugar mítico en la peregrinación overlander. Viajeros en 4X4, moteros e incluso algún intrépido ciclista, escogen esta opción para entrar en Senegal desde Mauritania. La primera razón para escoger esta ruta es puramente práctica. La otra opción es la frontera de Rosso, a la que se accede por asfalto pero que probablemente sea una de las más corruptas de África. Razón de peso. Pero otra gran razón para salirse de la ruta y enfrentarse a un trazado por pista, es la belleza de éste y lo divertido de la conducción. No exige un gran nivel de pilotaje pero sí una moto trail o un coche 4X4. Además de piedras y algún que otro agujero, habrá tramos en los que nos sorprendan bancos de arena. Nada grave, tan solo hay que ir atento para no estamparte contra el suelo, en el caso de los moteros. La belleza del paraje bien merece un esfuerzo. El desierto se despide fundiéndose poco a poco con la Sabana. Los matojos se convierten en árboles secos y hacen de obstáculo definitivo a las dunas, que literalmente quedan atrapadas. A mitad de camino entramos en un Parque Natural y aparecen animales salvajes como jabalíes. La frontera definitiva que marca el final del desierto es el río Senegal, al que le rodea gran vegetación. También es la frontera de la malaria, a partir de este momento entramos en riesgo y por tanto toca protegerse. A partir de aquí nos queda la mitad de recorrido hasta el paso fronterizo, atravesando un segundo Parque Natural en el que es posible que un guarda nos pida dinero. Comienzan los abusos. No hay que pagar nada por atravesarlo, tan solo hay que dedicar unos minutos hasta convencer al funcionario de que no somos presa fácil. Una vez en la frontera la cosa será más complicada, nos pedirán un tasa corrupta por cualquier cosa que se les ocurra. Paciencia. En cualquier caso todo este cansado proceso es mucho menor que por la frontera de Rosso.